En un contexto global en el que la mitigación del cambio climático se ha convertido en prioridad, el debate sobre cómo evaluar el impacto real de los materiales de construcción adquiere nueva dimensión. Tradicionalmente, las Declaraciones Ambientales de Producto (EPD) limitan sus análisis a la fase inicial—desde la extracción de materias primas hasta la salida de la planta—olvidando que, en el uso, el hormigón tiene la capacidad de absorber CO2 a través de la carbonatación.
Un reciente informe del MIT Concrete Sustainability Hub nos invita a repensar este esquema. Al proponer un marco metodológico que integre datos del “end-use”, se plantea reconocer de forma cuantificable un fenómeno natural y, hasta ahora, subvalorado en las evaluaciones ambientales. Se podría entonces presentar un equilibrio más justo entre las emisiones originadas durante la producción y la absorción de carbono que ocurre a lo largo de la vida útil del hormigón.
Resulta innegable que este enfoque proporciona herramientas esenciales para quienes diseñan y regulan los procesos constructivos. En una era en la que construir infraestructuras sostenibles es prioritario, disponer de EPD que reflejen de manera integral la huella ambiental se convierte en un activo estratégico—no solo para identificar oportunidades de mejora en las mezclas y procesos, sino también para impulsar políticas que premien la eficiencia ambiental.
Sin embargo, la incorporación de la carbonatación en la evaluación presenta desafíos técnicos y metodológicos significativos. La variabilidad inherente a factores como la porosidad del hormigón, las condiciones ambientales locales o la geometría de cada elemento dificulta la obtención de estimaciones precisas. Es imperativo, por tanto, potenciar la digitalización y la recopilación de datos, para que el análisis se enriquezca con información contextual detallada y se reduzca el margen de incertidumbre.
La metodología propuesta es, en esencia, un llamado a actualizar nuestro paradigma evaluativo. En lugar de centrarse únicamente en los impactos negativos de la producción, se sugiere que el mundo privado y el sector público observen de cerca el potencial mitigador del uso. Adoptar una metodología multinivel que abarque desde datos generales de planta hasta especificaciones del elemento en obra no solo mejoraría la precisión, sino que también permitiría comparar de forma más equitativa el desempeño ambiental de distintos productos cementicios.
Asimismo, este avance metodológico tiene implicancias comerciales y normativas. Por un lado, las EPD que integren la captura de CO2 aportarían un valor añadido, sirviendo como sello de calidad para fabricantes comprometidos con la sostenibilidad real. Por otro, podrían asentar las bases para futuras directrices internacionales que reflejen una evaluación complementaria y honesta del balance de carbono de la construcción.
En definitiva, si bien quedan por superar retos técnicos y de estandarización, la propuesta de incluir la captura natural de CO2 en las EPD representa un paso decisivo hacia una construcción verdaderamente sostenible. En tiempos en que los desafíos climáticos exigen respuestas integrales, repensar y actualizar las metodologías de evaluación ambiental es una tarea urgente que merece el respaldo del sector, la academia y las autoridades reguladoras.