El coprocesamiento en hornos cementeros constituye una medida que, al integrar residuos sólidos urbanos y residuos industriales en el proceso productivo, ofrece una solución fundamentada en la economía circular para evitar la emisión de metano (CH₄), uno de los gases de efecto invernadero con un elevado potencial de calentamiento a corto y mediano plazo.
La esencia de este proceso radica en la sustitución de combustibles convencionales por residuos que, de ser dispuestos en vertederos, emitirían CH₄ durante la biodegradación en condiciones anaerobias. Dada la capacidad del metano para ejercer un efecto sobre el cambio climático, convertir estos residuos en combustible alternativo en hornos de clínker resulta en una reducción cuantificable de las emisiones. Según cálculos referenciados en estudios técnicos, cada tonelada de residuo sólido urbano aprovechada en el coprocesamiento puede evitar, en un horizonte a 100 años, la emisión de aproximadamente 2.007 kg CO₂e. Esta reducción se enmarca dentro de un enfoque metodológico basado en el potencial de calentamiento global (GWP) del metano.
El proceso de combustión empleado en los hornos de cemento se beneficia de condiciones operativas específicas —altas temperaturas, disponibilidad adecuada de oxígeno y tiempos de residencia controlados— que aseguran una combustión casi completa de los residuos. De esta forma, no solo se impulsa la disminución de emisiones de CH₄, sino que también se transforma un residuo potencialmente contaminante en una fuente de energía, contribuyendo a la integración de estos materiales en un ciclo productivo cerrado.
Desde una perspectiva de sostenibilidad, el coprocesamiento debe considerarse dentro de una estrategia global de economía circular. Al reconvertir materiales que, de otro modo, requerirían ser eliminados en vertederos, se reduce la dependencia de combustibles fósiles y se optimiza la gestión de los recursos. La transformación de residuos en combustible promueve la creación de una cadena de valor que beneficia, en términos ambientales y económicos, tanto al sector industrial como a las comunidades involucradas.
Cabe destacar que, si bien las cifras asociadas a la mitigación del CH₄ se basan en metodologías reconocidas internacionalmente, los resultados dependen de diversos factores, como la composición de la biomasa y las condiciones específicas de cada vertedero. En tal sentido, la estimación de evitar 2.007 kg CO₂e por tonelada de residuo es fruto del empleo de parámetros técnicos que, en otros escenarios, pueden presentar variaciones. No obstante, el consenso entre las entidades involucradas y en la literatura técnica es que la reducción de emisiones a través del coprocesamiento representa un avance medible para la mitigación de los impactos del cambio climático.
El impacto de esta alternativa no se limita únicamente a la disminución de emisiones. La integración de residuos en el proceso productivo de la industria del cemento aporta a la diversificación de fuentes energéticas y optimiza el uso de materiales, lo que resulta en un aprovechamiento más racional de los recursos disponibles. Este enfoque, fundado en la reutilización y reconversión de residuos, se alinea con tendencias actuales en políticas ambientales y estrategias de adaptación al cambio climático, en las cuales la eficiencia operativa y la sostenibilidad deben funcionar en simultánea armonía.
Además, el coprocesamiento se sitúa como una opción complementaria dentro de un conjunto más amplio de medidas destinadas a mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero. Aun reconociendo que no se trata de una solución única para la compleja problemática del cambio climático, su implementación en el sector cementero representa un paso razonable hacia la construcción de modelos industriales más resilientes y respetuosos con el medio ambiente.
Al adoptar prácticas que transforman residuos en recursos, la industria del cemento se orienta hacia un modelo de producción que favorece tanto la reducción de impactos ambientales como la optimización de su cadena productiva. La aplicación del coprocesamiento permite mitigar la emisión de metano, un componente crucial en el balance de los gases de efecto invernadero, y a la vez refuerza la idea de que las industrias tradicionales pueden evolucionar y adaptarse a nuevos paradigmas de sostenibilidad.
En ese sentido, el coprocesamiento emerge como una estrategia técnicamente viable y coherente con las políticas de sostenibilidad actuales. Su adopción en la industria del cemento y hormigón constituye una alternativa razonada que, mediante la transformación de residuos en combustible, contribuye a la mitigación del CH₄ y a la consolidación de una economía circular. Este proceso, fundamentado en criterios científicos y técnicos, debe considerarse una herramienta complementaria en el conjunto de acciones necesarias para responder de manera efectiva a los desafíos impuestos por el cambio climático, sin dejar de lado las implicaciones económicas y operativas inherentes a cualquier transformación industrial.