El sobrediseño en el diseño del hormigón y su impacto en las emisiones de CO2

En un mundo cada vez más preocupado por los efectos que produce el cambio climático, la industria de la construcción enfrenta el desafío de mejorar sus prácticas para reducir el impacto ambiental asociado a estas, especialmente en lo que se refiere a la producción de hormigón. Un estudio, elaborado por el MIT Concrete Sustainability Hub, reveló un aspecto poco conocido al respecto que incide en las emisiones del sector: el sobrediseño de las mezclas.

El creciente debate en torno a la sostenibilidad en la industria de la construcción ha llevado a un análisis de las prácticas tradicionales y el impacto ambiental asociado, especialmente en la producción de hormigón. En ese sentido, un documento recientemente publicado por el MIT Concrete Sustainability Hub, destacó un aspecto hasta ahora poco considerado en el sector: el sobrediseño de las mezclas de hormigón y su contribución a las emisiones integradas de gases de efecto invernadero.

En términos simples, el sobrediseño se refiere a la práctica de formular mezclas de hormigón que, intencionalmente, se diseñan para alcanzar una resistencia promedio superior a la especificada para un elemento estructural. Si bien lo que busca este margen de seguridad es garantizar la integridad y durabilidad de las construcciones ante las incertidumbres inherentes a la producción y ejecución, conlleva un costo ambiental significativo que, hasta ahora, pasan desapercibidos.

En las últimas décadas, la industria de la construcción con hormigón viene enfatizando sobre la necesidad de optimizar sus procesos con el objetivo de utilizar los recursos de manera más eficiente y así, reducir el impacto ambiental. Sin embargo, pese a los avances tecnológicos y las mejores prácticas de gestión de calidad, la tendencia muestra un incremento en la cantidad de cemento y otros materiales cementantes con el fin de despreocuparse de las variaciones en la resistencia una vez que el hormigón fragua.

El estudio del MIT analizó datos de más de 115.000 lotes operativos de plantas de hormigón premezclado, abarcando aproximadamente 30.000 mezclas únicas de 57 plantas en siete estados de Estados Unidos. Los resultados revelaron que en buena parte de estas operaciones se observó un nivel excesivo de sobrediseño, frecuentemente superando los márgenes conservadores sugeridos por el American Concrete Institute, ACI.

Además, la investigación estableció una correlación directa entre el incremento en el uso de cemento –uno de los principales responsables de las emisiones de CO2 en la fabricación del hormigón– y el aumento de las emisiones integradas, evidenciándose en cifras concretas que mostraron, por ejemplo, que un incremento del 100 por ciento en el sobrediseño en una mezcla diseñada para 5.000 psi (34 MPa) puede resultar en alrededor de 80 kg CO2e/m³ adicionales.

Estos hallazgos ponen de relieve una oportunidad clave para reducir la huella de carbono en el sector de la construcción: la implementación de medidas que disminuyan la variabilidad en la resistencia y, por ende, el margen de seguridad innecesario. A medida que aumenta la presión global para lograr edificaciones sostenibles, adoptar estrategias que optimicen la dosificación y minimicen el uso superfluo de materiales se convierte en un imperativo tanto económico como ambiental.

¿Qué es el sobrediseño y por qué se utiliza?

El concepto de sobrediseño en la industria del hormigón emerge de la necesidad de asegurar que las estructuras sean seguras y cumplan con los requisitos de resistencia especificados en los códigos de construcción.

Se trata de una práctica ya tradicional en la que se opta por diseñar mezclas que exceden la resistencia mínima requerida, estableciendo un margen adicional que compense las variaciones inherentes en la producción, muestreo y ensayo del material. Este margen de seguridad se fundamenta en principios estadísticos, ya que las propiedades del hormigón pueden fluctuar debido a factores como la calidad de los materiales, las condiciones de curado y la precisión en la dosificación, entre otras.

Así, la estrategia más común para alcanzar esta mayor resistencia es incrementar el contenido de cemento y otros materiales cementantes. Si bien esta práctica aumenta la confiabilidad de la mezcla y reduce el riesgo de no conformidad, también ocasiona un impacto ambiental considerable.

Y es que, de acuerdo con el estudio, utilizar más cemento no sólo eleva los costos, sino que se traduce en mayores emisiones de gases de efecto invernadero, considerando que aproximadamente el 90 por ciento de las emisiones vinculadas al hormigón se deben al cemento. Este hallazgo adquiere gran relevancia en un contexto donde la sostenibilidad y la eficiencia en el uso de recursos se han convertido en prioridades globales.

El análisis de más de 115.000 registros operativos provenientes de diversas plantas de hormigón en Estados Unidos evidencia que, en aras de garantizar la conformidad de la resistencia, muchas mezclas se diseñan de manera excesiva. Por ejemplo, se identificaron mezclas con una especificación de 3.000 psi (20 MPa) que, en algunos casos, alcanzan resistencias promedio de hasta 8.000 psi (55 MPa), lo que refleja niveles de sobrediseño que exceden incluso el margen primario recomendado.

Estos resultados ponen en relieve la necesidad urgente de revisar y ajustar los métodos tradicionales de diseño, ya que la práctica actual puede derivar en un uso ineficiente de recursos y en impactos ambientales mayores.

La conjugación de la variabilidad en la calidad de los materiales y en el proceso constructivo obliga a que productores y diseñadores colaboren para identificar y mitigar aquellos factores que generan el sobrediseño. De esta manera, se abre la posibilidad de optimizar las mezclas, garantizando la seguridad estructural sin incurrir en un consumo excesivo de cemento. Esta revisión se hace especialmente crítica en un sector que busca transitar hacia metodologías más verdes y sostenibles.

Del mismo modo, la posibilidad de utilizar materiales suplementarios para sustituir parcialmente el cemento se ofrece como una alternativa prometedora para disminuir tanto los costos como la huella de carbono. En suma, el contexto del sobrediseño en hormigón se inserta en una problemática que involucra tanto consideraciones técnicas como ambientales, demandando un replanteamiento de las prácticas actuales a fin de fomentar una construcción responsable y sostenible.

Analizando la correlación entre sobrediseño e impacto ambiental

Para comprender en forma precisa el alcance del sobrediseño y su repercusión en las emisiones de gases de efecto invernadero, el equipo de investigación adoptó un enfoque basado en análisis estadísticos y en la modelación de datos operativos.

La recolección de más de 115.000 lotes de datos provenientes de plantas de hormigón permitió evaluar casi 30.000 mezclas diferentes, lo que ofreció una muestra representativa de las prácticas en la industria a lo largo de siete estados de Estados Unidos. Los datos recopilados incluyeron resultados de ensayos de resistencia, mediciones del contenido de cemento y la variabilidad inherente a cada lote, facilitando la identificación de patrones en la formulación de mezclas.

La metodología se fundamentó en comparar el valor promedio de la resistencia obtenida en las pruebas (f’ₐvg) con la resistencia especificada (f’c) establecida en los proyectos. Se consideró también la definición estipulada por el American Concrete Institute (ACI) respecto al valor requerido (f’cr), el que se calcula a partir de la resistencia especificada y de la desviación estándar de las pruebas, siempre que se disponga de suficiente información estadística. Cuando los datos eran limitados, se aplicaba un incremento fijo al valor de f’c para definir el f’cr, permitiendo así establecer un umbral de seguridad cuantificable.

El análisis se apoyó en modelos de regresión que correlacionaron el contenido de cemento, la inclusión de materiales suplementarios y la resistencia del hormigón con las emisiones integradas, revelando una relación lineal en la que un mayor sobrediseño se traducía en incrementos significativos de CO2 por metro cúbico.

Este tipo de modelado contribuyó a entender cómo pequeñas modificaciones en la dosificación podían influir en el balance final de emisiones, destacando la alta sensibilidad del hormigón ante ajustes en la mezcla. Junto con esto, el equipo comparó los datos empíricos con las recomendaciones establecidas en el código ACI 301 “Especificaciones para el hormigón estructural”, descubriendo que en muchos casos las mezclas superaban ampliamente los márgenes mínimos propuestos.

Para garantizar la robustez del análisis se consideraron variables múltiples, entre ellas el coeficiente de variación de la resistencia, que ofrece una medida de la dispersión en los datos de prueba. La inclusión de esta variable permitió diferenciar entre aquellas mezclas que cumplían de manera uniforme con las especificaciones y aquellas que, a pesar de alcanzar altos valores promedio, presentaban una gran dispersión en los resultados, lo que incrementaba el riesgo de fallas estructurales.

El uso de técnicas de regresión multivariable resultó especialmente útil para aislar el efecto individual del contenido de cemento, pese a la complejidad derivada de la interacción entre los diversos componentes de la mezcla.

En síntesis, la metodología adoptada no sólo facilitó la identificación del grado de sobrediseño en la producción de hormigón, sino que también permitió cuantificar el impacto ambiental asociado, estableciendo una base sólida para discutir posibles estrategias de optimización en el sector.

Implicaciones ambientales del sobrediseño

El análisis detallado de las prácticas de sobrediseño en hormigón no se limita únicamente a aspectos técnicos y económicos, sino que incide de manera directa en la huella ambiental de la producción de este material. La elevada cantidad de cemento utilizada en las mezclas sobrediseñadas es responsable de la mayor parte de las emisiones de CO₂ asociadas a la fabricación del hormigón. En ese sentido, el estudio del MIT evidenció que, al incrementar la resistencia promedio de la mezcla por encima de lo estrictamente necesario, se produce un aumento proporcional en las emisiones integradas, lo que repercute en la sostenibilidad de los proyectos de construcción.

Un hallazgo particularmente revelador es la relación lineal que se observa entre el porcentaje de sobrediseño y el incremento en las emisiones de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, en una mezcla diseñada para alcanzar 5.000 psi (34 MPa), duplicar el margen de seguridad puede ocasionar un sobreincremento de alrededor de 80 kg CO2e/m3. Esta situación adquiere especial importancia en un contexto global marcado por la urgencia de reducir las emisiones debido a los efectos del cambio climático.

Además, la dependencia en un exceso de cemento no sólo encarece las operaciones, sino que también contribuye al agotamiento de recursos naturales y a problemas derivados de la producción de este material, entre los que se destacan impactos en la biodiversidad y efectos negativos en la calidad del aire y del agua en las zonas circundantes a las plantas de producción. Los datos recopilados en el estudio del MIT resaltaron que las prácticas de sobrediseño están extendidas de forma sistemática en la industria, lo que plantea la necesidad urgente de revisar las normativas y adoptar estrategias de optimización.

En este sentido se evidencia que optimizar las mezclas no implica comprometer la seguridad estructural, sino más bien implementar controles rigurosos que permitan reducir la variabilidad en la resistencia sin recurrir al exceso de materiales. La repercusión ambiental del sobrediseño se extiende también a la generación de residuos; al emplear mayores cantidades de cemento y otros insumos, aumenta la probabilidad de que se produzcan lotes que, por irregularidades en el proceso, deban ser desechados o reprocesados, lo que contribuye a un círculo vicioso de ineficiencia y a un impacto ecológico mayor.

Otros factores han llevado a que la industria explore alternativas que combinen la seguridad constructiva con la reducción de emisiones, tales como la incorporación de materiales reciclados o el uso de aditivos que mejoren la eficiencia del hormigón. En ese aspecto, los resultados obtenidos en el estudio subrayan la importancia de adoptar un enfoque integral que considere tanto los aspectos técnicos del diseño de mezclas como las implicaciones ambientales de las decisiones de producción, estableciendo una base necesaria para la transformación hacia una construcción más sostenible.

Estrategias de mitigación y control de la variabilidad en hormigón

Ante el panorama revelado por el estudio del MIT Concrete Sustainability Hub respecto al sobrediseño, diversas estrategias se perfilan como soluciones viables para reducir la cantidad excesiva de cemento y, en consecuencia, minimizar las emisiones integradas.

Una de las principales recomendaciones que aparece es la implementación de rigurosos programas de control de calidad que buscan disminuir la variabilidad en los procesos de fabricación del hormigón. Este control puede lograrse mediante la estandarización de procedimientos en la toma de muestras, en el moldeo de especímenes y en la realización de ensayos de resistencia, lo que permitiría que los resultados fuesen más predecibles y que el margen de seguridad requerido se ajuste con mayor precisión.

Junto a eso, el estudio destacó que la calibración regular de los equipos de medición y la capacitación continua del personal deben considerarse como prácticas esenciales para reducir los errores humanos que generan variaciones indeseadas en la producción. La adopción de tecnologías avanzadas, como sensores en tiempo real y sistemas automatizados, desempeña un papel crucial, ya que dichos dispositivos pueden monitorear y ajustar las proporciones de la mezcla durante la producción, garantizando que se alcance la resistencia deseada sin recurrir a excedentes innecesarios en la dosificación de cemento.

El documento enfatizó también en promover el uso de materiales cementosos suplementarios (SCM) que pueden reemplazar una parte significativa del cemento, reduciendo de esta forma la huella de carbono. Materiales como las cenizas volantes, la escoria de alto horno y otros subproductos industriales han demostrado tener el potencial de mejorar ciertos atributos del hormigón sin comprometer su desempeño estructural. La integración de estos materiales no sólo aportaría beneficios ambientales, sino que también puede resultar en una mayor eficiencia económica al aprovechar recursos que de otro modo se considerarían residuos en otros procesos industriales.

De acuerdo con el documento. las políticas públicas y los incentivos económicos pueden desempeñar un rol clave para fomentar la adopción de prácticas de fabricación más eficientes. Por ejemplo, algunos gobiernos y organismos internacionales han desarrollado programas de certificación y recompensa para aquellas plantas de hormigón que logran reducir la variabilidad en sus productos y, por ende, el sobrediseño. Estas iniciativas no sólo impulsan a los productores a mejorar sus procesos internos, sino que también sensibilizan a la industria sobre la importancia de la sostenibilidad.

En paralelo, la revisión de los códigos y normativas existentes, como los establecidos por el American Concrete Institute, permitiría una mayor flexibilidad en el diseño de mezclas, reconociendo que, en algunos casos, la reducción del sobrediseño resulta compatible con la seguridad estructural.

La colaboración entre diseñadores, productores y organismos reguladores resulta fundamental para establecer nuevos estándares que incorporen tanto criterios técnicos como ambientales. Además, la investigación y el desarrollo deben continuar avanzando para identificar nuevos aditivos, técnicas de mezcla y métodos de control que permitan una fabricación de hormigón más precisa y menos dependiente del exceso de cemento. La optimización de estos procesos representa, en definitiva, una oportunidad para transformar la industria de la construcción en una actividad más responsable y sustentable.

La sinergia entre la innovación tecnológica y las buenas prácticas de gestión puede llevar a un cambio significativo, reduciendo no sólo los costos operativos, sino también el impacto ambiental producto de las emisiones. En este contexto, el estudio destacó que es imprescindible que toda la cadena de valor se involucre activamente en la búsqueda de soluciones integrales, donde cada eslabón –desde el suministro de materias primas hasta la aplicación final en obra– contribuya de manera coordinada a la consecución de un objetivo común: un hormigón eficiente, seguro y respetuoso con el medio ambiente.

Perspectivas en torno al sobrediseño y el futuro del sector

La investigación realizada por el MIT Concrete Sustainability Hub permite visibilizar un aspecto crítico de la industria de la construcción: el sobrediseño en las mezclas de hormigón y su estrecha relación con las emisiones integradas de dióxido de carbono. Los hallazgos evidencian que la práctica tradicional de aumentar sistemáticamente el contenido de cemento para garantizar una resistencia superior a la especificada, si bien refuerza la seguridad estructural, genera un impacto ambiental considerable.

Asimismo, los datos muestran que en muchos casos las mezclas superan de forma significativa los márgenes mínimos requeridos, lo que implica no sólo un incremento en el consumo de recursos, sino también un aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Este desafío se convierte en una oportunidad para repensar las estrategias de diseño y producción, orientándolas hacia la optimización de recursos y la adopción de medidas que reduzcan la variabilidad en la resistencia del hormigón. Diversas iniciativas, tanto a nivel tecnológico como normativo, buscan fomentar el uso racional del cemento y la incorporación de materiales suplementarios que permitan alcanzar un equilibrio entre seguridad, desempeño y sostenibilidad. La implementación de controles de calidad más rigurosos, la automatización en la dosificación y el uso de tecnologías de monitoreo en tiempo real se erigen como pasos decisivos para mitigar el sobrediseño.

Asimismo, la colaboración entre fabricantes, ingenieros y organismos reguladores resulta indispensable para actualizar las normativas y establecer nuevos estándares que reconozcan el valor de una construcción optimizada.

En definitiva, la reducción del sobrediseño no sólo representa una estrategia para disminuir las emisiones de CO2, sino que también contribuye a una mayor eficiencia económica y a la conservación de los recursos naturales. A futuro, se espera que la integración de estas prácticas innovadoras impulse una evolución transversal en la industria, haciendo posible que la construcción se transforme en una actividad más responsable con el medio ambiente sin sacrificar la calidad y la seguridad de las infraestructuras.

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